En un café de Tokio hay una silla que permite viajar en el tiempo, con reglas estrictas: nada de lo que pase va a cambiar el presente y hay que volver antes de que el café se enfríe. A partir de esa premisa, Kawaguchi arma cuatro historias sobre despedidas pendientes. La novela nació como obra de teatro y conserva su estructura de escenas. Es breve, sencilla y de una emotividad muy directa.
Un adolescente que se hace llamar Kafka escapa de su casa mientras un anciano que habla con los gatos emprende su propio viaje. Murakami cruza las dos líneas con lluvias de peces, bibliotecas silenciosas y una lógica que funciona como la de los sueños. Es una de sus novelas más ambiciosas y también de las más queridas por sus lectores. No conviene buscarle explicaciones: conviene dejarse llevar.
Hatoko hereda de su abuela una papelería en Kamakura y, con ella, el oficio de escribir cartas por encargo para quienes no encuentran las palabras. Cada carta que redacta —una condolencia, una despedida, una disculpa— abre una historia mínima y completa. Ogawa describe con detalle el papel, la tinta y la caligrafía, y ese cuidado material es parte del placer del libro. Una novela sobre el peso de las palabras escritas a mano.
Después de una ruptura, Takako se muda al altillo de la librería de viejo que su tío atiende en el barrio de Jinbōchō, en Tokio. Entre pilas de libros usados y clientes habituales, empieza a rearmar su vida sin grandes gestos. Yagisawa escribió un elogio tranquilo de las librerías físicas y de los lugares donde uno puede quedarse quieto un tiempo. Ideal para leer de una sentada.
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