Raskólnikov, un estudiante empobrecido de San Petersburgo, mata a una prestamista convencido de que ciertos hombres están por encima de la ley. Lo que sigue no es una investigación policial sino el derrumbe interno del asesino. Dostoievski escribió buena parte de la novela contra reloj y presionado por deudas, y esa urgencia se siente en el pulso del relato. Es, probablemente, el mejor thriller psicológico jamás escrito.
Anna abandona un matrimonio sin amor por el conde Vronski y paga el precio social de esa decisión. Tolstói alterna su historia con la de Liovin, un terrateniente que busca sentido en el trabajo y en la vida rural, y de ese contraste nace el retrato más completo de la Rusia de su tiempo. La novela arranca con una de las primeras frases más famosas de la literatura. Larga, sí, pero de lectura sorprendentemente fluida.
El Diablo llega a la Moscú soviética acompañado de un gato negro gigante que habla y toma vodka. Bulgákov escribió esta sátira durante los años más duros del estalinismo, quemó un manuscrito y volvió a empezar; se publicó completa recién décadas después de su muerte. Mezcla comedia demoníaca, historia de amor y una novela sobre Poncio Pilato dentro de la propia novela. Es rara, desbordante y adictiva.
Bazárov vuelve al campo con un amigo y con ideas nihilistas que chocan de frente con la generación de sus padres. Turguéniev capturó en 1862 una tensión que se repite en cada época: la de los jóvenes que quieren demoler lo que recibieron y la de los mayores que no entienden qué hicieron mal. Es la más breve y accesible de las cuatro. Un buen primer paso para quien nunca leyó a un ruso.
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